En noviembre de 1997 la empresa química Hercules lanzó una OPA para hacerse con el control del grupo británico Allied Colloids, uno de los líderes mundiales de bienes químicos. El Consejo de Administración del grupo británico rechazó una oferta por valor de 1.068 millones de euros. David Farras, primer ejecutivo de Allien manifestó que la propuesta infravaloraba el potencial de la su empresa y que lucharían por defender su negocio.
Esta es tan solo un ejemplo de una operación que muchos de vosotros seguro que conocéis, la OPA u Oferta Pública de Adquisición. Estas operaciones tienden a ser clasificadas como prácticas temerarias, como que un “agresor”, un “coloso” se come a otra compañía. Esto no tiene ningún sentido decirlo, y menos que lo digan los accionistas de la empresa sobre la cual se lanza una OPA, pues éstos van a recibir cantidad de dinero superior a lo que valen sus acciones en el mercado. Esta operación no es más que una empresa lanza una oferta por la compra de un paquete de acciones de la empresa objetivo con el fin de hacerse con el control de la compañía.
Cuando una empresa lanza una OPA hostil sobre otra compañía, lo que pretende en última instancia es forzar al equipo directivo de la empresa objetivo a negociar un rápido acuerdo entre ambas compañías. Pido a los lectores que eliminen de su cabeza a la figura del tiburón financiero de la década de los ochenta como principal agente que lanza una OPA hostil. Véase como ejemplo la OPA hostil que Vodafone lanzó sobre la alemana Mannesmann a comienzos del año 2000 por valor de 194.600 millones de euros.
Tenemos que tener en cuenta en éste preámbulo de las adquisiciones hostiles que los privilegios con los que cuentan actualmente las compañías son excepcionales. Me refiero a los sofisticados sistemas empleados para financiar las adquisiciones de empresas, en los que el alto apalancamiento está a la orden del día.







